La [DES]Motivación del entrenador

Mucho se habla en Psicología Deportiva y, en general, dentro del entorno deportivo, de la motivación de los deportistas como una de las variables psicológicas clave en el rendimiento, tanto en el entrenamiento a modo de esfuerzo y adherencia, como en la competición.

Algunos de los problemas psicológicos y físicos más habituales que suelen producirse en la práctica deportiva son:

  • Problemática grupal: Comunicación
  • Individualidad vs. disciplina debida y compromiso
  • Fatiga física y/o psicológica
  • Falta de Motivaciones personales y/o grupales
  • Interacción con el adversario
  • Redes Sociales
  • Interacción con los jueces
  • Entorno deportivo: Familias
  • Lesiones
  • Aprendizaje y especialización
  • Pérdida de autoconfianza

Existen un número infinito de soluciones a estos problemas si contamos con la creatividad tanto del Psicólogo como del Entrenador, siempre basados en la formación adecuada, teorías científicas, conocimiento de la materia y experiencia profesional.

Pero, ¿que ocurre si la persona que dirige el trabajo del deportista no se encuentra emocionalmente al cien por cien?

El entrenador es la figura encargada de detectar y comprender las necesidades, los puntos fuertes y los puntos de mejora de los deportistas, y, además, debe ser capaz de diseñar actividades que permitan al deportista alcanzar sus objetivos de una forma saludable y exitosa.

La conducta del entrenador determina en gran medida, tanto la actitud del deportista como sus pensamientos, por lo que se puede afirmar que la experiencia psicológica de los deportistas, en su práctica deportiva, viene determinada, en cierta medida, por la forma en que se comportan sus entrenadores.

Las experiencias personales que viven los deportistas mientras realizan actividad física pueden ser positivas o negativas dependiendo de su motivación, de su autoestima y del estrés que les produzca dicha actividad física.

Estas variables psicológicas están mediadas directamente por los entrenadores ya que deciden, en cada momento, cómo, cuándo y porqué se entrena cada ejercicio, así como la táctica, la técnica y la estrategia de cada competición.

Pero, también, los entrenadores influyen de forma indirecta con su comportamiento, su propia motivación y adherencia a su trabajo, su sentido del humor, su vocabulario y las consecuencias propias que se generan de todo ello en el entorno del deportista.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando es el entrenador el que “tiene problemas”?

¿Prestamos la suficiente atención a cómo la conducta del equipo y/o de los deportistas de forma individual influye en el rendimiento del entrenador?

¿Cuánto de esto hay en el rendimiento de los deportistas?

Este artículo pretende ofrecer otro punto de vista para la reflexión sobre el triángulo deportivo o, actualmente considerado también, el pentágono deportivo.

Fig. 1 Taller de Psicología Deportiva. Francisco Gorriz
Fig. 2 El Pentágono de la Iniciación Deportiva. Alberto G. Trabazos

Una de las teorías más aceptadas, la Teoría de la Automotivación, propone que las personas tienen varios motivos para realizar una actividad. Según esta teoría, las personas debemos tener 3 tipos de necesidades esenciales cubiertas para tener bienestar psicológico:

  • Autonomía: Necesidad de sentir que la propia conducta y sus resultados son consecuencia de uno mismo
  • Competencia: Necesidad de sentirse capaz de realizar tareas de diferentes niveles de dificultad
  • Afiliación: Necesidad de sentirse conectado, apoyado o cuidado por los demás

Esta teoría no es, en absoluto, incompatible con la famosa y extendida Teoría de las Necesidades Humanas y la Motivación de Maslow (1943). Maslow postulaba que nuestras acciones nacen de la motivación dirigida hacia el objetivo de cubrir ciertas necesidades, las cuales pueden ser ordenadas según la importancia que tienen para nuestro bienestar. Es decir, que Maslow proponía una teoría según la cual existe una jerarquía de las necesidades humanas y que conforme se satisfacen las necesidades más básicas, los seres humanos desarrollamos necesidades y deseos más elevados. A partir de esta jerarquización se establece lo que se conoce como “Pirámide de Maslow”.

Fig. 3 Pirámide de la Motivación de Maslow

Atendiendo a toda esta información, la figura del Psicólogo Deportivo es importantísima para la prevención y cuidado de la salud emocional del entrenador y, por consecuencia, para la prevención y cuidado de la salud emocional del deportista y/o del equipo.

Para que el rendimiento del deportista sea óptimo, el entrenador debe alentarle, divertirle y retarle con autodeterminación, es decir, con energía suficiente para “empujarle” a la acción. Para desarrollar estas actividades, el entrenador debe tener cubiertas sus necesidades básicas y, además, debe recibir, por parte del deportista, el feedback suficiente para que sus necesidades de reconocimiento y autorrealización se vean satisfechas.

Es decir, que el entrenador necesita que el deportista esté implicado con su trabajo, se comprometa con él y con el entorno, para sentir que forman un todo. El deportista cuya actitud demuestre desinterés hacia la práctica deportiva en un momento de su carrera, debería reflexionar y mostrar honestidad hacia sus propios intereses y hacia la relación con el entrenador; de lo contrario, éste último mostrará indicios de desmotivación tales como gritos, vocabulario más agresivo de lo normal, aspavientos, castigos en vez de refuerzos, falta de creatividad e interés en los entrenamientos, etc. que reflejen la pérdida de confianza que está teniendo en el deportista y en su compromiso.

Bien es cierto, que la desmotivación del entrenador no sólo puede provenir de la actitud del deportista o equipo de deportistas, sino que, tanto la actitud de las familias como las actuaciones arbitrales y/o el comportamiento de los directivos de la entidad deportiva a la que pertenezcan, o los mismos  resultados, pueden marcar cierta indefensión, y puede ocurrir que la persona sienta que no merezca la pena su sacrificio y esfuerzo, sobre todo, si hablamos de entrenar en el deporte base donde la motivación económica, la mayoría de las veces, es nula o escasamente relevante.

Referencias

  • Maslow, A. H. (1943). A theory of human motivation. Psychological Review, 50(4), 370-396.
  • José F. Guzmán, Laura E. Macagno, Fabián Imfeld (2013). La motivación de los entrenadores deportivos: un estudio desde la Teoría de la Autodeterminación. Cuadernos de Psicología del Deporte, vol. 13, 1, 37-50.
  • Juan A. Mora Mérida, José G. Rodríguez, Salvador Toro Bueno, Juan A. Zarco Resa (2000). Psicología Aplicada a la Actividad Físico-Deportiva. Pirámide, Madrid.
  • Jose M. Buceta (2016). Variables Psicológicas relacionadas con el Rendimiento Deportivo. UNED, Madrid.

 

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